Elementor #28536

Vine a trabajar. Me quedé a vivir porque me enamoré del Oriente Antioqueño.

Por Angela Torres Roldán | Gerente de Millemonti Condominio Campestre, Cascajo Abajo

Cuando llegué por primera vez a la vereda Cascajo Abajo, no venía buscando un hogar. Venía a
gerenciar un proyecto de lotes: un Condominio Campestre, ubicado a 5km del club de golf La
Macarena de Rionegro. Tenía la cabeza puesta en planos, licencias y cronogramas de obra. Era
una tarea profesional con fecha de inicio y, en algún momento, fecha de cierre.

Lo que no tenía previsto era la gente.

Lo que uno espera encontrar en el campo.

Una ingeniera civil, acostumbrada a la ciudad, al afán, llega a una vereda del Oriente Antioqueño,
con la ilusión de más naturaleza… y aquí encontré uno de los paisajes más bellos de Colombia.
Sin embargo, cuando llegué, hubo preocupación entre los vecinos de la vereda y con toda razón:
son muchos los proyectos que llegan a arrasar la naturaleza e ignoran a la comunidad. Lo que
hicimos fue sencillo: conectar. Mostrar los planos. Hablar del humedal y los bosques de guadua
que íbamos a proteger, de cómo cada árbol que existía tenía un espacio en Millemonti. Y después
—más importante que cualquier palabra— dejar que el proyecto hablara solo.

Con el tiempo, algo cambió. Y el día que sentí que la vereda nos había acogido de verdad no
fue cuando firmamos un contrato ni cuando terminamos una obra. Fue cuando don Luis Ángel, el
vecino que vive en la finca vecina con su esposa, llegó con una bolsa de ají y limones de su
propio cultivo. «Para usted», me dijo. Sin más.

Don Luis Ángel me cuida como si fuera su hija. Tengo otra vecina a la que le compro aguacates
y huevos de sus gallinas que corretean por su finca. Hay otros que llegan sin que uno los llame
cuando hay algo pesado que mover. Nadie lo acordó. Nadie lo negoció. Simplemente así de
bella es la vereda Cascajo Abajo cuando te ganas su confianza.

Eso fue lo primero que me enamoró del Oriente: su gente. Y el hecho de que esa confianza hubo
que ganársela la hace valer todavía más.

La abundancia que la ciudad olvidó

No soy de aquí. Y, sin embargo, la primera vez que vi estas tierras fértiles desde lo alto del
Condominio algo se acomodó en mí que no sabía que estaba desacomodado.

El Oriente Antioqueño tiene algo que las ciudades han dejado de tener: la abundancia visible. La
tierra produce. Los árboles frutales alimentan. El agua corre. No hay que imaginar la naturaleza
—está ahí, siendo, viva.

Como ingeniera, entendí rápidamente por qué esta zona lleva años siendo uno de los mercados
inmobiliarios de mayor crecimiento en el país. No es solo la cercanía al aeropuerto ni la
conectividad con Medellín. Es todo. Es la vida del territorio, el crecimiento con criterio, la
infraestructura en desarrollo.

Lo que nadie te dice

Te hablo siendo honesta, porque creo que es lo único que vale la pena ser cuando alguien está
tomando una decisión tan grande como ésta.

El campo requiere adaptación. La vía de acceso a Millemonti tiene un tramo destapado. La primera
vez que lo transitas, parece más largo de lo que es. La décima vez, ya ni lo notas.

Hay cosas que en la ciudad tienes a dos cuadras y acá están a diez minutos en carro. Rionegro,
El Carmen, Marinilla, a cinco kilómetros, tiene todo lo que necesitas —colegios, clínicas,
supermercados, bancos, todo— pero tienes que aprender a organizarte de otra manera. Y eso,
que al principio parece una limitación, termina siendo uno de los mayores regalos: la paz.

Lo que nadie te dice es que, cuando llevas un tiempo viviendo en el campo, ya no quieres volver
a vivir de otra manera.

Y supe: Aquí me quedo. Esto es vida.

Llevo años acompañando a familias en la decisión de comprar. Y lo que más me ha enseñado
este tiempo es que las mejores decisiones no son las que se toman rápido —son las que se toman
con los ojos abiertos, con información real, y con la honestidad suficiente para reconocer que lo
que estás buscando ya existe.

El Oriente Antioqueño existe. Y es exactamente lo que parece. Lo sé porque soy parte de él —no
como visitante, no como inversora, sino como vecina de la vereda Cascajo Abajo. La misma
vereda que al principio nos miró con cautela y que hoy nos trata como familia.

Esta vida existe. Solo falta elegirla.

Angela Torres Roldán es ingeniera civil y gerente de Millemonti Condominio Campestre, ubicado
en la vereda Cascajo Abajo, Marinilla. Vive en el proyecto que gerencia desde hace más de dos años.
Si quieres conocerlo, escríbele directamente:
📩 info@millemonticondominio.com
📱 +57 320 8403259
🌐 www.millemonticondominio.com

Filtros

Estado
Ubicación
Tipo de Inmueble

Regístrate para recibir más información.